Historia

Partiendo de la realidad que caracteriza a nuestra comunidad de la Diócesis de Puebla, se ha observado la necesidad de formación litúrgica en cuatro aspectos específicos:

  1. Estructura
  2. Formación
  3. Pastoral
  4. Celebración de los Sacramentos.

Un año despues del nombramiento de los integrantes de la CODIPAL, (Comisión Diocesana de la Pastoral Litúrgica) y su nueva estructura (21 de agosto de 2012), se vio la urgencia de instituir un centro de formación litúrgica, CEFOLIT, con anexos propios; a través del cual, Laicos, Religiosos, Religiosas, Seminaristas y Sacerdotes recibieran una adecuada educación continua, inicial y permanente aquí en la ciudad; y con miras a las diferentes Zonas Pastorales de la Arquidiocesis de Puebla.

Ante la necesidad de una formación antropológico-litúrgica, a partir de las propuestas de la Sacrosanctum Concilium y a 50 años de su promulgación; además de otros documentos posteriores que tienen como objetivo el fomento y reforma de la Sagrada Liturgia, consideramos que era un momento providencial y oportuno el 4 de diciembre del 2013, para inaugurar nuestro instituto con miras a iniciar cursos en febrero del 2014

Los recursos humanos y materiales con que cuenta nuestra Diócesis actualmente y los subsidios que se habrían de conseguir por diferentes medios, sin olvidar que quien preside la Comisión Nacional para la Pastoral Litúrgica en el país, es nuestro señor Arzobispo; hizo propicio, no sólo el emprender; sino, ofrecer a la provincia y demás diócesis, una luz que los Padres conciliares pensando en la formación litúrgica proponían como necesaria e indispensable para llevar a cabo dicha renovación fundada en la sana tradición y el legítimo progreso.

Por lo anterior, ha sido menester entre otras muchas labores, redescubrir, valorar y promover el sentido auténtico de la celebración del misterio de Cristo; tarea decisiva de la Nueva Evangelización. Lo cual no se reduce a meros ritos o rubricismos; y que tiene injerencia directa en la comprensión y participación activa, consciente y fructífera de los fieles; y cuya trascendencia se verá reflejada en una mayor intimidad con Dios y cercanía con el prójimo, en una respuesta interna y externa acorde a la acción litúrgica celebrada.

Al ser nuestra estructura eclesial jerárquica y ministerial, por quienes presiden y son acogidos como asamblea, es conveniente y significativo fomentar la actitud de reverencia y de amor ante la acción divina, desarrollar cuidado e interés en la preparación de la celebración litúrgica y suscitar un especial amor al sacramento Eucarístico. La armonía entre palabras y cantos, gestos y silencios; así como una adecuada disposición de los elementos dentro del espacio litúrgico y el acto celebrativo en sí, han de connotar belleza, practicidad, sobriedad y noble simplicidad. Lo cual, sólo ha de lograrse mediante la formación continua y permanente de los agentes que intervienen en el mismo; de modo que la Liturgia facilite la vivencia del rito por antonomasia del Sacrificio Eucarístico; y éste sea fuente, centro y culmen de nuestra vida cristiana.